Fats DominoFats Domino (1928 – 2017), cuyo nombre real fue Antoine Dominique Domino Jr., fue uno de los pioneros más influyentes del rock and roll y una figura central en la evolución de la música popular estadounidense del siglo XX. Nacido el 26 de febrero de 1928 en Nueva Orleans, Luisiana (EE. UU.), en el seno de una familia criolla francoparlante, Domino creció en un ambiente profundamente musical donde el jazz, el rhythm and blues y los sonidos afrocaribeños formaban parte del paisaje cotidiano.
Desde niño mostró una afinidad natural por el piano. Su cuñado, el guitarrista Harrison Verrett, fue quien le enseñó los primeros acordes y lo introdujo en la escena musical de Nueva Orleans. A los diez años ya tocaba con soltura en fiestas locales, y en la adolescencia comenzó a trabajar en clubes nocturnos de su ciudad, interpretando boogie-woogie, blues y canciones populares.
El gran salto de Domino llegó en 1949, cuando conoció al trompetista y productor Dave Bartholomew, quien se convirtió en su socio artístico durante más de una década. Juntos grabaron su primer gran éxito, “The Fat Man”, lanzado ese mismo año por el sello Imperial Records. Esta canción, con su ritmo contagioso, la voz melódica y el característico piano sincopado de Domino, está considerada por muchos historiadores como uno de los primeros temas de rock and roll.
Durante la década de 1950, Fats Domino se convirtió en una superestrella internacional. Su estilo, que combinaba el rhythm and blues, el boogie-woogie y el gospel con una alegría accesible, transformó el sonido de la música popular estadounidense. Entre 1950 y 1963 colocó más de 35 canciones en el Top 40 de Billboard, una hazaña que lo situó junto a Elvis Presley, Chuck Berry y Little Richard como uno de los arquitectos del rock.
Algunos de sus mayores éxitos incluyen:
“Ain’t That a Shame” (1955) “Blueberry Hill” (1956) “I’m Walkin’” (1957) “Walking to New Orleans” (1960) “My Blue Heaven” (1956) “I’m in Love Again” (1956)
Su voz suave, su sonrisa constante y su virtuosismo al piano lo hicieron querido por millones. A diferencia de otros músicos de su tiempo, Fats Domino evitaba el conflicto racial y se enfocaba en unir a la gente a través de su música. A menudo sus conciertos eran de los pocos eventos donde personas blancas y negras bailaban juntas en los años 50, un gesto simple pero poderoso en plena era de segregación.
Su influencia fue enorme: artistas como Elvis Presley, The Beatles, Billy Joel, Randy Newman y Paul McCartney reconocieron abiertamente haber aprendido de su estilo. McCartney incluso escribió “Lady Madonna” como un homenaje a Domino, quien más tarde grabó su propia versión.
Durante los años 60 y 70, aunque la popularidad del rock and roll original comenzó a decaer, Domino siguió siendo un intérprete habitual en clubes, festivales y programas de televisión. Continuó grabando discos, sobre todo en vivo, y sus giras internacionales lo llevaron por Europa y Asia, donde era recibido con entusiasmo.
En 1986, Fats Domino fue uno de los primeros artistas en ser incluidos en el Salón de la Fama del Rock and Roll, en reconocimiento a su papel fundacional en el género. También recibió el Grammy Lifetime Achievement Award y la Medalla Nacional de las Artes en 1998.
A pesar de su fama, Domino siempre permaneció en Nueva Orleans, rechazando mudarse a Los Ángeles o Nueva York. Era una figura profundamente local, modesta y familiar. Su casa en el barrio de Lower Ninth Ward se convirtió en un símbolo de orgullo comunitario.
Cuando el huracán Katrina devastó Nueva Orleans en 2005, se creyó por un tiempo que Fats Domino había muerto en la inundación. Sin embargo, fue rescatado con vida, aunque su casa quedó destruida. Ese episodio marcó sus últimos años, ya retirado de los escenarios pero aún venerado como un tesoro nacional.
Fats Domino falleció el 24 de octubre de 2017, a los 89 años, en Harvey, Luisiana, debido a causas naturales. Su muerte generó homenajes en todo el mundo; el presidente estadounidense y los principales músicos contemporáneos lo recordaron como un genio humilde que ayudó a transformar la música moderna.
Su legado vive en cada nota de rock, rhythm and blues y pop que vino después. Con su característico piano y su sonrisa eterna, Fats Domino demostró que la alegría también puede ser una forma de revolución.